Cómo atacar el fraude en empresas

El fraude erosiona la economía de las empresas, sus mecanismos se van sofisticando y, consecuentemente, el perjuicio aumenta, sostiene el autor. Asegura que las compañías pueden perder más del 5% de su facturación como consecuencia de los ilícitos y que deben implementar mecanismos de prevención y, sobre todo, de sanción a los empleados infieles.

Hace ya unos años nos vimos sorprendidos por la cobertura de la prensa económica sobre los descubrimientos de muy importantes fraudes corporativos (Enron o Worldcom) ocurridos en los Estados Unidos. Corrió mucha tinta sobre la repercusión de los mismos en una sociedad que reprime duramente los delitos económicos ya sea con penas corporales como pecuniarias. Estos episodios tuvieron eco en nuestro medio, por los montos en juego y por la calidad directiva de sus autores.

Claro esta que no pudimos evitar la comparación, sobre los ilícitos que son víctimas las empresas y que se cometen en la Argentina, sin bien con otros valores en juego y sobre todo con leve o inexistente castigo.Lo cierto es que el fraude existe y erosiona gravemente a la economía, sus mecanismos se van sofisticando y, consecuentemente, la potencialidad del perjuicio aumenta.

Las áreas financieras y de compras son en general las más sensibles y allí donde deben intensificarse los controles, aunque no se debe descuidar el espionaje industrial ya que la información confidencial tiene también un alto valor económico.

Entre las maniobras más comunes podemos citar, los arreglos entre los funcionarios a cargo de compras y los proveedores, previo simulacro de concursos de precios; refinanciaciones preferenciales de deudas; modificaciones dolosas de stock; supuestos pagos de tributos con presuntos recibos falsos y la fuga de información calificada.

Si bien es muy difícil apelar a estadísticas no resulta exagerado estimar que las empresas pueden perder mas del 5% de su facturación como consecuencia de fraudes. Una encuesta realizada por KPMG sobre el particular determino que el 33% de los empresarios entrevistados respondió haber sufrido algún acto de corrupción o fraude.

Ahora bien, detectado el ilícito sigue siendo muy alta la resolución del conflicto de forma interna, y eso por variadas razones entre las que se encuentran el silencio cómplice para no evidenciar torpezas o negligencias de los responsables del control, hasta el temor de que futuras pericias judiciales demuestren posibles irregularidades de varios tipos.
Lo expuesto implica, en muchas ocasiones, el despido incausado del involucrado quien, por ello, termina premiado con una indemnización.

Las empresas son en general muy pudorosas para reconocer que fueron damnificadas por fraudes, tienen la sensación de que se muestran vulnerables al dejar vislumbrar que no funcionaron sus controles internos o que la elección del personal no fue adecuada.

Prevenir con sanciones

La experiencia asegura que el delito se repite si no hay una inmediata capacidad de reacción. La denuncia resulta indispensable como demostración ejemplificadora. Sin medidas judiciales los delitos vuelven a cometerse al poco tiempo, el proceso es la efectiva y concreta evidencia de la voluntad empresarial.

Existe una favorable y creciente tendencia a denunciar estos ilícitos, el cambio de actitud se puede atribuir a razones muy diversas, entre otras la necesidad de acreditar quebrantos, la preexistencia de controles que colaboran con la conformación de cuadros probatorios que aseguran en mayor medida los resultados del proceso y hasta el mas adecuado tratamiento judicial de los delitos económicos.

El recupero del daño patrimonial a las empresas no siempre es significativo y sigue siendo la prevención el mejor remedio.
En ese sentido el notorio control sobre bienes e información critica, no solo permiten detectar los posibles ilícitos, sino que desalientan su comisión.

Es conveniente la expresa notificación a todos los empleados de la empresas sobre la posibilidad de ser auditados, para legitimar el acceso a documentación o elementos informáticos puestos a su disposición.
El procedimiento que entendemos correcto, consiste en el análisis de los factores mas vulnerables de las compañías a través de la acción interdisciplinaria entre las asesorías letradas, auditorias contables, informativas y empresas de seguridad en su caso.

Al detectarse una irregularidad que normalmente es advertida vía controles regulares de auditoría tanto interna como externa o con medios menos sofisticados pero bastantes frecuentes como los avisos anónimos que delatan el hecho, es recomendable la inmediata desvinculación preventiva del agente sospechoso, y preservar de manera fehaciente, por ejemplo con constancias notariales, toda prueba que pueda tomarse como incriminante, que permita el encuadramiento legal de la futura denuncia.

Radicada la acción, el denunciante deberá asumir un rol activo en el proceso colaborando con la investigación hasta sus últimas consecuencias logrando determinar la autoría y eventual responsabilidad penal del imputado.

Podemos concluir que, para prevenir, se debe contar con códigos de conducta, auditorías contables, informáticas, de gestión y cruce de información permanente de los resultados. No pueden tampoco descartarse antiguas pero no menos efectivas prácticas, tales como la vigilancia discreta sobre bruscos cambios de nivel de vida y consumo de los dependientes.
Y no se debe olvidar que los fraudes se realizan, en un gran porcentaje, desde la propia estructura de la Empresa, o contando con apoyo interno. 

 

Fuente : Foro de seguridad

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